Fátima llevaba mucho tiempo esperando en casa. Con su carácter dulce y virtuoso, miró emocionada la carpeta de documentos y la caja de pasteles que Carlos traía en las manos, fijándose especialmente en el nombre de la marca impreso en el paquete.
—¿Fuiste a comprar a esta pastelería? Había oído hablar de Alucia, pero nunca he tenido la oportunidad de probarla. ¿Lo compraste especialmente para mí?
Carlos se sintió algo incómodo, pero asintió con la cabeza.
—Si te gusta, la próxima vez te llevaré.