Silvia se lavó las manos una vez más, puso el fuego al máximo y colocó la carne que había comprado en el supermercado en la olla para escaldarla. Una espuma blanca flotaba en la superficie del agua, y el vapor caliente que se elevaba le golpeaba la cara.
Gotas de sudor comenzaron a formarse en su frente y, justo cuando iba a levantar la mano para limpiárselas, Daniel le ofreció unas servilletas para secárselas.
—Gracias —murmuró Silvia.
Daniel tiró la servilleta a la basura, se limpió las manos