Astrid se acercó a su esposo sin pronunciar una palabra, alzando el rostro para recibir el “castigo” que él le había prometido. Aunque aparentaba ser segura y firme, por dentro se sentía como una gelatina temblorosa.
Él siempre la besaba cuando ella se portaba mal. Y esta vez no iba a ser diferente.
Knut humedeció su labio inferior con la lengua, anticipando el sabor de su esposa. El aroma de cítricos y lavanda de su champú favorito le llegó desde tan cerca. Una esposa audaz, mentirosa y travie