Astrid dejó de lado el pequeño rastrillo de jardinería con el que cuidaba sus plantas preciosas como también sus flores y se puso a mirar los mensajes que le llegaban a borbotones. Sus hermanos le escribían con picardía y curiosidad.
Aila: Le aposté a George que irías en el coche de Knut, ¿gané?
Astrid: Sí, ganaste. ¿Qué se jugaban?
Aila: Si él ganaba, yo le compraba su nuevo coche, si yo ganaba, él se ponía un traje de látex con su látigo de cuero.
Astrid no quiso contestar, pues prefería no s