La tensión en el ambiente alcanzó su punto máximo cuando Knut y su hermosa esposa ingresaron al abarrotado ascensor, repleto de empleados en plena hora punta. Un incómodo silencio llenó el espacio, mientras todos contuvieron la respiración al ver su entrada.
Knut frunció el ceño al percatarse de la multitud que los rodeaba.
—Mantente a mi espalda y quieta —ordenó con firmeza, transmitiendo con sus palabras el nerviosismo que lo abrumaba debido a la presión acumulada durante toda la tarde y la i