El corazón de Astrid se desbordaba de dulzura y una oleada de emociones la invadió mientras saboreaba la tarta dulce. Un torrente de alegría y gratitud la recorría, mezclado con una pizca de nostalgia y un destello de melancolía. Cada bocado era un regalo para su paladar y, al mismo tiempo, un bálsamo reconfortante para su alma.
—Sabe delicioso —afirmó con una sonrisa, disfrutando cada bocado de la tarta dulce.
Cuando el CEO notó que Astrid estaba dispuesta a hablar con él, su rostro se iluminó