Mundo de ficçãoIniciar sessãoAmelia se le humedecieron los ojos, no sabía si por la traición que sentía por las personas que más amaba en el mundo o por su impotencia al sentir que la estaban obligando hacer algo que definitivamente no quería. Acababa de regresar a su país natal, tal y como se lo había prometido a sus padres, había pasado tres años estudiando negocios internacionales en los emiratos árabes y debía terminar los dos últimos años en la universidad de Curazao, de donde era, pero ahí estaba en vez de festejar; Lanzaba una copa de champagne que se hizo añicos en la una de las paredes del estudio de su padre, mientras gritaba “no me pienso casar con ese cretino, sabrá Dios si tendrá una Enfermedad venérea de tantas mujeres que lleva encima” sin escuchar las suplicas de su madre ni los gritos de su padre salió de ahí echa una furia sin imaginar que detrás de la puerta estaba el cretino. “ni creas que me quiero casar contigo” fue su saludo, ella se impresionó, pero no se lo demostró y lo esquivó siguiendo su camino, al verse ignorado Paul solo le gritó “y estoy sano niña insolente” Amelia alzó la mano sin detenerse y le extendió su dedo del medio, mostrando lo nada que le importaba. ¿Se quedará Paul Villamizar con el desplante de la chica que el denominó patito feo o cumplirá con el trato de sus padres? Él quien era el joven más rico y deseado de la universidad, él alto, moreno de ojos marrones claro con un cuerpo que gritaba sex0 además de tener una novia con un cuerpo de infarto.
Ler maisEstaba tan agitada que me sorprendía que el oxígeno aún llegue a mis pulmones, y los latidos de mi corazón eran tan rápidos que podría jurar que se escuchaban a miles de kilómetros.
Visualicé a mi alrededor; todo estaba oscuro y olía horrible, me encontraba en una especie de cueva que parecía laberinto y era algo estrecho, el suelo estaba cubierto de charcos de agua y de lo que parecía ser sangre, las paredes tenían grafitis y palabras obscenas.
Suspiré y me dije que no es momento de perder el tiempo, alguien me estaba siguiendo y yo debía escapar o buscar la forma de luchar por mi vida, pero la herida en mi abdomen bajo me dificultaba pensar, seguía sangrando y me dolía como el infierno, me había hecho un torniquete con un pedazo de tela de mi blusa pero no me había servido de mucho, ya que la sangre no paraba.
Todo mi cuerpo estaba empapado de sudor y sentía que me asfixiaba, cerré los ojos por un momento y me recosté en una de las paredes de la cueva, carajo, ¿así era como iba a morir? De pronto, mis 5 sentidos se pusieron alerta al escuchar pasos cerca.
Es él.
Huye.Vete.O mátalo.Esas voces llegaron nuevamente a mi cabeza, ¿cómo iba a matarlo si no tenía fuerza?
Con la poca energía que me quedaba empecé a caminar con dificultad, si quería vivir, debía encontrar la salida de esta cueva pero no podía ver bien, no faltaba mucho para que la pérdida de sangre causara que me desmaye, pero no me di por vencida. Seguí caminando lo más rápido que pude mientras presionaba la herida con mi mano derecha, y con la otra me sostenía de esas paredes sucias.
Ya no doy más.
Al mirar al frente me encontré con dos caminos, no conocía este lugar, y sentía que de la decisión que iba a tomar, dependía si moría o vivía.
Nunca había sido una chica indecisa, siempre tomaba las decisiones rápidamente y como siempre eran las mejores, pero ahora, no sabía que hacer, algo dentro de mi me hacía dudar como nunca.
Nuevamente, escuché los mismos pasos, pero esta vez sabía que estaba detrás de mi, acechándome. Y mi corazón paró, y todo dentro de mi se tensó.
—¿Por qué sigues escapando? Si de todas maneras vas a morir por mis manos— su voz era ronca, incluso se notaba algo divertida.
Tragué saliva y volteé con dificultad, y lo vi, aunque la oscuridad no me permitía ver bien, pude visualizar su silueta robusta, sus hombros anchos y me pareció ver una sonrisa ladina en su rostro. Al parecer llevaba unos pantalones holgados que estaban manchados de sangre y de tierra, sus brazos se encontraban en sus costados y en la mano izquierda llevaba un cuchillo, su torso estaba desnudo y su piel brillaba por el sudor.
—Así que vas a matarme con eso— hablé con la poca fuerza que me quedaba mientras señalaba el cuchillo con mi mirada.
Él soltó una carcajada estruendosa, y eso me molestó. Quería golpearlo pero sabía que no iba a poder, porque acabaría conmigo con mucha facilidad.
—No lo creo, tu muerte debe ser épica y si te mató con esto, perdería mi estilo— relamió sus labios mientras daba pequeños pasos amenazantes hacia a mi.
Bien, Raquel, este será tu fin. Moriré sola, virgen y a manos de un psicópata. Cool, ¿no?
¿Acaso debo rendirme ahora?
No quería morir así, y no quería ser la típica persona que muere luchando hasta el final, siempre quise una muerte en paz, en cama, con mis seres queridos alrededor de ella recordando los buenos momentos, pero lamentablemente no iba a ser posible.
—Eres un estúpido traidor— escupí, con odio, aunque no pudiera luchar, quería herirlo con mis palabras, pero justo ahora no se me ocurría nada bueno— fingiste ser bueno, fingiste que nos ibas a ayudar pero todo fue una farsa ¡me das asco!
Él se detuvo un momento y ladeó su cabeza, y nuevamente, una sonrisa torcida apareció en su rostro. No lo reconocía.
—No sabía que sentías algo por mi, aunque me alegra— levantó su cuchillo y lo observó con diversión, para luego fijar sus ojos en mí, tardó un momento mientras me analizaba y después habló — creo que cambié de opinión, no mereces una muerte mejor que esta, creo que será interesante introducir esto en tu cuerpo— volvió a caminar otra vez, y yo hice lo posible por retroceder unos pasos. Estaba cagada de miedo, no quería que algo punzante atravesara mi piel— ¿por dónde empezamos? ¿El muslo? ¿O por el brazo? O mejor aún, ¿perforando algún órgano de importancia? ¿Qué dices? ¿Estaría bien empezar por los pulmones?
M****a. M****a.
Lo observé con desdén.
Era un completo asesino y enfermo, por mi mente pasaron varias formas de matarlo pero ahora no podía.
Maldición
Si tan solo tuviera más fuerza.
Si tan solo no me hubiera herido.
Si tan solo yo fuera mas fuerte.
El hubiera no existe, Raquel.
No tenía nada más que hacer ni decir, no podía luchar, ya no me quedaban fuerzas para hablar y tampoco energía para escapar. Al fin y al cabo, era mi culpa por confiar en él y creer en su palabra, todo es por mi, por ser tan ingenua.
—Creo que antes me divertire contigo— dijo observando mi cuerpo con una expresión pervertida.
Sentí asco.
—Eres un completo imbécil.
Él bajó su cabeza y negó entre risas, y después alzó su vista para fijarla en mi.
—Y tú, a pesar de estar en la m****a sigues luciendo hermosa— lamió su labio inferior. ¿Por qué carajos sale con esto ahora? ¿Por qué a pesar de estar en esta situación el seguía diciendo cosas como esta?— ¿lo ves? Hay cosas que no se pueden cambiar.
Quería mandarlo al infierno, juro que intenté lanzarle los insultos más crueles que se me ocurrieron, pero eso no pasó, había perdido demasiada sangre, y todo se hizo negro, caí en un mar de oscuridad.
POV NarradorEl pitido rítmico del monitor cardíaco y los susurros de las personas cuestionando los hechos eran los sonidos en la habitación 402. Bonnie les pidió a todos que mejor hablaban en el pasillo para que su hija pudiera descansar mejor. Hasta ahora solo sabían que unas galletas la intoxicaron, pero de donde provenían era lo que no solo los Villamizar querían saber, también Paul porque era algo que lo atormentada y hasta de cierta forma se sentía culpable y no sabía manejar esa sensación.Paul se escabulló de la conversación y entró a revisar a Amelia, se sentó a su lado viéndola con esa cara de ángel como si solo estuviera dormida. Sus manos se movieron hasta la de la joven que yacía laxa sobre las sábanas blancas de la cama de hospital. “Perdóname” Paul pensó que solo lo susurró para ella, sin darse cuenta de que alguien más lo estaba escuchando.─Despierta por favor, te prometo que no habrá más bromas pesadas y que me encargaré de tener tantos momentos alegres juntos que se
POV NarradorLas paredes blancas, el olor a antiséptico y la luz blanca y fría más una serie de enfermeros recibieron a una inconsciente Amelia y a un pálido y mortificado Paul.─¿Es usted un familiar? ─cuestionó una enfermera vestida de forma pulcra con un bloc de notas en la mano.─Soy su prometido ─salió tan natural de su boca que ni cuenta se dio de lo que había dicho.─Lo siento, no puede pasar, necesitamos comunicarnos con un familiar directo.─Va a ser mi esposa. ─replicó frustrado, por no querer separarse de su princesa pelo rojo.─Pero no lo es. Por favor suministre los teléfonos de contacto de los familiares de la joven.Derrotado con manos temblorosas sacó su teléfono del bolsillo de su pantalón para llamar a su padrino.En las afueras del hospital, escondida cerca del árbol mas cercano estaba la chica causante de todo el revuelo; había visto todo desde el principio. Cuando divisó a la ambulancia llegar al edificio se sintió curiosa, Cuando vio a Paul correr y meterse dentro
POV HafidPor fortuna el aeropuerto era pequeño y salir de inmigración y de alquiler del coche fue un trámite rápido, lo único que no se iba con rapidez era el nudo en mi estómago, hacia tanto que no estaba tan al borde. El paisaje era una distracción. Lo suficientemente llamativo para sacarme constantemente de mis pensamientos, el contraste vibrante entre el azul del cielo y el blanco de las densas nubes era algo subvalorado en mi tierra no se ve el cielo así, y las palmas eran de un verde envidiable. Agradecía la distracción mis pensamientos eran un desastre. Ojalá todo salga bien con Amelia me repetía, y paseemos juntos esta isla. Mientras tanto el GPS, me iba indicando el camino hacia su casa; esperaba encontrarla ahí. La segunda opción era la universidad, era los dos únicos puntos que sabía dónde encontrarla.Arribé a la gran casa, que ya conocía por fotos, y me estacioné, aun sentía el vibrar del motor en mis pies cuando llamé a la puerta.No conté con ser recibido o mejor dicho
POV PaulHoy ha sido un buen día. La B+ sobre uno de los exámenes más importantes en mi carrera me sonreía a mi lado, vía a la oficina la cual sentía que abandoné un poco esta semana por estar estudiando me detuve por un café y me encontré pidiendo dos cafés. Uno para Amelia quien se convirtió no se si en mi inspiración o en mi competencia, pero estaba me irritaba escuchar constantemente lo perfecta que era y por el contrario todo lo que yo debía mejorar. Teníamos unos días de tregua, ¿se habrían acabado? Me pregunté y una voz me respondió ‘entre su novio, la empresa y los estudios, claro que no tiene tiempo para ti” era como escuchar la voz odiosa de Juliana. Si las bromas pesadas era la forma de que me dedicara tiempo eso iba a tener. Hora de hacer un plan. Luego de hacer algunas llamadas entre al edificio esperando ver la cara de sorpresa de Amelia. En el lobby de nuestra oficina escuché un grito y corrí a ver qué pasaba. ─Señorita Amelia ─repetía la asistente con voz
PDV Narrador Hafid miraba el boleto de su vuelo en el teléfono, había viajado mucho cuando era más joven, hasta que llegó a los dieciocho años y su padre había no solo hecho malas inversiones, sino que había apostado y perdido casi toda su fortuna, empezaron a reducir todos sus gastos a lo mínimo, luego, les ayudo el dote pagado por el matrimonio de sus hermanas. Desdes ese entonces empezó el calvario de obligarlos a él y a su hermano a buscar mujeres que no fueran de su religión para no tener que pagar dotes, no solo ese era el requisito, debían de tener dinero para ellos entrar en el negocio de la familia y ayudar a sus padres a seguir aparentando lo que ya no tenían. Cuando todo sucedió él estaba enamorado y era novio de Aysha, pero de pronto el padre de ella le prohibió seguir con él, asumieron que se enteró del desfalco familiar, aunque para muchos era un secreto, su padre se encargaba de ocultarlo muy bien. Un buen día llegó a la universidad una chica expatriada con u
PDV Narrador.Paul aceptó solo porque quería encontrar la manera de vengarse. Amelia iba a reclamarle a su hermana, pero esta la miró y le guiñó un ojo. Eso le daba entender que había una razón para haber arruinado su salida, a pesar de que solo tenía catorce años Juliana era astuta para armar planes sobre la gente. Así que lo dejó pasar.Los tres salieron del edificio para encontrarse con Federico en el restaurant que él había elegido, en el auto, Amelia le preguntó a su hermana.–¿Para qué lo invitaste?–Para que ganes puntos con tus papás por su puesto, tienen los ojos puestos en ti y en cómo te llevas con Paul, si siguen peleándose y demostrando lo que se odian, los van a casar más pronto que tarde y se acercan mis quince años no vas arruinar mi mega fiesta con tu boda obligada.–No va a haber ninguna boda.–No veo ningún plan para evitarlo, así que mientras que nuestros padres vean que te llevas bien con él se relajaran y dejaran de presionar mientras te inventas como salir de est





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