Malú sintió un corrientazo. Cerró los ojos por unos minutos, respiró profundo un par de veces.
—Creo que ya puedes bañarte solo, yo iré a buscarte unos medicamentos para la fiebre, y a pedir que te traigan un caldo de pollo. —Se aclaró la voz, y giró para salir del baño.
De repente sintió los brazos de Abel que la tomaron de la cintura, y en un par de segundos se encontraba bajo la regadera, pegada al cuerpo de él. El pulso se le disparó, su piel quemaba a pesar del agua que corría por su pie