Byron
Todavía no podía salir de mi asombro cuando Lilly y yo llegamos a una pequeña cafetería que se encontraba a unas cuantas calles del edificio en donde vivía. Intentaba comparar a esta hermosa chica con aquella sensual que me había hecho desearla como a nadie, pero en mi cabeza seguían siendo dos personas distintas. Lilly, mi Lilly, era un ser puro que no estaba hecha para que la tocaran de la forma en la que lo había hecho.
Los dos permanecimos en silencio, mirándonos el uno al otro a travé