¿Casarme con mi enemigo mafioso? ¡Jamás!
¿Casarme con mi enemigo mafioso? ¡Jamás!
Por: ANGGIE VILLALOBOS
Capítulo 1

Anastasya se acercó a la oficina de Nikolai con una mano protectora sobre su vientre todavía plano. Por primera vez en mucho tiempo tenía una sonrisa genuina adornando sus labios.

Estaba nerviosa, emocionada, asustada.

"No puedo creer que estoy embarazada."

Después de tanto dolor, después de sentirse rota y vacía durante tanto tiempo, por fin tenía algo que era verdaderamente suyo.

Un bebé.

El hijo de Nikolai.

El hombre que, a pesar de ser menor que ella y de su carácter posesivo, había logrado hacerla sentir deseada de una forma que nadie más había conseguido.

"Debo decírselo ahora."

Llegó frente a la puerta y levantó la mano para tocar, pero se detuvo enseguida al escuchar voces provenientes del interior.

—No creerás que ella va a darte hijos, ¿verdad? —preguntó una voz femenina, dulce pero cargada de malicia.

Anastasya contuvo el aliento en ese instante porque reconocería esa voz en cualquier lugar del mundo.

Era Bárbara.

Su única amiga.

—Puede ser —respondió él casi desdeñoso—. Pero eso no te incumbe, no tengo que dar explicaciones, ni a ti, ni a nadie.

—Entiendo perfectamente que te guste Anastasya. Ella es hermosa, de eso no hay duda.

Desde la rendija de la puerta entreabierta, Anastasya vio como Bárbara se acercaba a Nikolai para hablarle con más atrevimiento.

—Tiene un cuerpo que vuelve locos a los hombres pero no es nada maternal, sumado a eso, ella es mayor que tú. Ya pasó su mejor momento.

Anastasya se encontraba incrédula de estar escuchando aquello, era como si estuviera dentro de una especie de pesadilla cruel.

Después de todo lo que había hecho por Bárbara.

La había ayudado en los momentos más oscuros de su vida, era la única persona en quien Anastasya había confiado de verdad.

Y aun así...

—No estarás enamorado de ella ¿Nik? Dios mío, ella una vez te humilló, siempre te vio como alguien inferior —añadió ella—. ¿Ya olvidaste eso? Ahora no es nadie a tu lado, ha llegado el momento de tu venganza.

"¿Venganza?"

Anastasya notó que la expresión de Nikolai no cambiaba en lo absoluto, manteniéndose impasible y relajado.

De repente, Bárbara pasó una mano con familiaridad por el pecho de él, acariciándolo lentamente, como si tuviera derecho de tocarlo.

Nikolai bajó lentamente la mirada hacia la mano sobre él.

Después volvió a levantar los ojos hacia ella pero no hizo el menor intento de apartarla, provocando un dolor inmediato en Anastasya.

Algo pareció clavarse en su pecho, oprimiéndole el corazón.

—No seas absurda —respondió el hombre con esa voz ronca y desdeñosa que Anastasya tanto había aprendido a amar.

—¿Absurda? —Bárbara soltó una risa baja y seductora—. Solo te recuerdo la verdad, ¿Cuántos años tiene ya? ¿Treinta? Tú necesitas una mujer que pueda darte un heredero, alguien que aún tenga tiempo.

—¿Y esa eres tú?

Anastasya apretó los puños con tanta fuerza que las uñas se le clavaron en las palmas. La rabia crecía en su pecho como un veneno que se extendía amargamente.

Una expresión imposible de descifrar cruzó el rostro de Nikolai.

Bárbara se acercó más a él, ciñéndose a su cuerpo, eliminando cualquier distancia entre los dos. Como si aquella cercanía no fuera reciente.

"¿Acaso ellos...?" Ni siquiera podía pensar en aquella palabra.

—Yo en cambio puedo darte todo lo que quieras. ¿Qué te puede ofrecer ella aparte de sexo y recuerdos? Anastasya no es como el resto de las mujeres de la Bratva, está obsesionada con la mafia.

Nikolai guardó silencio por unos segundos, por un instante creyó que iba a detener aquel palabreo incesante.

Un atisbo de esperanza se encendió en ella pero luego, con una indiferencia que terminó de destrozar el corazón de Anastasya, respondió:

—No voy a discutir esto contigo.

"¿Por qué no la detienes? ¿Por qué no...?"

Anastasya sintió que la verdad le estalló en la cara en ese momento.

"Todas sus palabras fueron mentira, eso es obvio." Pensó para sí misma, llena de amargura.

"¿Cómo pudo hacerme esto?"

Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos pero las contuvo, negándose a ser débil.

La misma mujer a la que había considerado su única amiga ahora deseaba al único hombre que Anastasya había querido de verdad. Y Nikolai... el hombre que le había susurrado promesas posesivas, que la había hecho sentir querida, permanecía allí, en silencio, escuchando cada palabra maliciosa de los labios de la que supuestamente era amiga de su...

"¿De su qué? ¡No soy nada para él!"

Para ella, ese silencio decía más que cualquier palabra. Era como si ya se hubiera convertido en un objeto temporal, un juguete destinado a ser abandonado cuando dejaba de divertirlo.

Bárbara rió suavemente y pasó los dedos por la mandíbula de Nikolai.

—Tú mereces algo mejor, mereces a alguien como yo.

Anastasya no pudo soportarlo más.

Sin ver la nueva reacción de Nikolai hacia el toque más íntimo de Bárbara, se dio la vuelta y caminó apresuradamente por el pasillo.

"Maldita traidora."

Apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula.

"Y tú... ¿Eso soy para ti, Nikolai? ¿Un entretenimiento? Después de dejar que me poseyeras... ¿Así me ves? ¿Como algo desechable?"

—Señora Alexandrova, no es lo que...

—Cállate —siseó al segundo al mando de Nikolai y salió de la mansión casi sin aliento, con el pecho agitado y las lágrimas finalmente escapando por sus mejillas sin control.

"¿Cómo pude ser tan estúpida? ¡Voy a destruirlos! Yo..."

—Maldita sea —susurró intentando calmarse.

Se llevó la mano al vientre, porque ahora no estaba sola.

"Pero este bebé es mío..." pensó sin detenerse "Y jamás permitiré que me lo arrebate."

Sumida en sus sentimientos tormentosos, no vio el auto que se aproximaba a gran velocidad por la calle que cruzó para dirigirse a su auto.

—¡Señora Alexandrova! —gritó alguien desde lejos.

Unos brazos fuertes la envolvieron de repente, arrojándola con violencia hacia el otro lado de la acera.

El impacto contra el suelo fue brutal. Un dolor agudo atravesó su espalda y su cabeza golpeó contra el pavimento.

—¿Señora? ¿Está bien?

—¡...Anastasya!

Las voces se fueron alejando.

Su visión se volvió borrosa y lo último que sintió fue una humedad entre sus piernas y un terror profundo.

"No, no, no."

—Mi bebé...

Después, todo se oscureció.

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