Capítulo 4

A Anastasya le irritaba no solo la forma en que sus cuerpos se reconocían incluso cuando se odiaban, sino también la manera en que sus miradas se encontraban como si aún pudieran desnudarse mutuamente.

—Escúchame bien, Nikolai —continuó en un tono peligroso—. La próxima vez que te acerques a mí este cuchillo será la menor de tus preocupaciones.

Los ojos azules de él se oscurecieron por el deseo y una de sus manos se movió lentamente, rozando el exterior de su muslo... no para empujarla, sino para sentirla, provocando que ella se tensara aún más de lo que ya lo estaba pero no lo cortó más profundo.

—Ni el cuchillo, ni ninguna otra arma me preocupa, Krasávitsa.

—Debería, porque yo no estoy jugando —gruñó molesta—. No me digas en qué debo creer. Estuve ahí, vi y escuché cada palabra, para mí fue suficiente.

—Eso no...

—No lo niegues —lo interrumpió ella una vez más—. No te atrevas.

Entonces se apartó de él como si su toque la quemara.

Nikolai se levantó también y se pasó una mano por su cabello, visiblemente irritado.

—No soy bueno con las palabras, Anastasya. Nunca lo he sido, pero eso no significa que...

—Que qué —lo cortó ella—. ¿Que me quieres? 

Nastya bufó con una sonrisa sarcástica.

—Nunca he sido como las mujeres que conoces, no voy a echarme a llorar por ti. No te necesito, vete de mi casa, ahora. 

Ella caminó hasta la puerta de su habitación abriéndola por completo.

Puede que por dentro estuviera destruida, sin embargo, no iba a mostrárselo.

Finalmente, Nikolai apretó la mandíbula, tenía el ceño fruncido y cada parte de su cuerpo estaba tensa.

Krasávitsa.

Anastasya lo miró fijamente. Sus orbes brillaban con una mezcla peligrosa de rabia y dolor.

—No sabes lo que pienso, yo...

—Y no me interesa saberlo —respondió Anastasya, sosteniendo su mirada sin parpadear—. Quiero que te vayas y que no vuelvas, hemos terminado.

Su voz se quebró apenas en la última palabra pero lo disimuló enseguida enderezando los hombros.

Nikolai la miró con intensidad. Por un momento, algo pareció cruzar por su expresión pero desapareció rápidamente.

La mandíbula de Nikolai se apretó, era la primera vez que ella lo obligaba a retroceder.

—No puedes echarme así.

Ese era el Nikolai que ella conocía, un hombre que creía podía controlarlo todo y a todos.

—Acabo de hacerlo.

—Anastasya...

—Lárgate, Nikolai —Su voz estaba cargada de una firmeza helada—. No quiero verte, ni escucharte y no quiero que te acerques a mí nunca más.

Hubo un silencio tenso.

—No vuelvas a decir que terminé contigo. Puedes odiarme todo lo que quieras, Anastasya. Pero no vuelvas a decidir por los dos.

—Eres un descarado, tú ya lo has hecho. Ni siquiera tengo que darte explicaciones.

Nikolai levantó una mano con lentitud cuando llegó frente a ella y, sin importarle el cuchillo que Anastasya aún sostenía en la mano, la tomó del cabello, tirando de ella para atraerla y la besó.

El beso fue brutal, lleno de hambre, rabia y deseo.

Sus labios se estrellaron contra los de ella con una intensidad que siempre la sacudía, exigente, casi castigadora y ella se odió al perderse en su sabor adictivo por un instante. 

Le mordió el labio inferior haciéndolo sangrar y se apartó, después sin dudar, le propinó una bofetada potente.

El sonido resonó en la habitación y Nikolai giró ligeramente la cabeza por el impacto.

Durante varios segundos eternos, sus ojos azules la estudiaron en silencio y finalmente, sonrió.

No con una sonrisa divertida, sino una peligrosa.

Nikolai alzó la mano y deslizó la yema del pulgar sobre la comisura de su labio inferior, arrastrando el fino hilo de sangre para luego llevárselo a la boca, saboreándola sin apartar esos ojos que prometían una retribución tan oscura como inevitable.

El corazón de Anastasya dio un vuelco y su vientre se apretó.

—Krasávitsa, te mostraré la verdad y cuando eso ocurra... seguiré siendo el único hombre al que amarás.

Ella quiso gritarle que no lo amaba y nunca lo haría pero él se fue antes de que pudiera siquiera abrir los labios.

*

TRES SEMANAS DESPUÉS:

La ira dentro de Anastasya no desapareció, se había vuelto más intensa pero más precisa y peligrosa. 

En lo único que pensaba era en la venganza que llevaba tiempo planeando con la misma meticulosidad con la que planeaba una operación en la mafia. 

Había desaparecido sin dejar rastro y era hora de hacer su entrada triunfal.

—¿Estás segura de esto, Avtoritetsha? Podemos...

—¿Estás nervioso, Arkady? —dijo dándole una mirada coqueta al hombre que la sostenía de la cintura.

—No.

La mano que tenía en la cintura de ella la apretó apenas, protectora y posesiva al mismo tiempo.

—No estoy nervioso —continuó con voz baja y ronca—. Estoy calculando cuántos segundos me tomaría sacarte de aquí si él decide disparar en medio de la fiesta.

Anastasya soltó una risa suave pero notó el brillo frío en la mirada de su segundo al mando. 

Arkady no era solo leal, era peligroso. Había matado por ella antes y lo volvería a hacer sin pestañear. Esa era exactamente la razón por la que lo había elegido para esta noche.

Eso y que Nikolai era un hombre profundamente posesivo, anteriormente había estado celoso de Arkady. 

Ahora se aprovecharía de eso.

—Entonces entremos.

La fiesta de la mafia estaba en su máximo apogeo pero aún así, la aparición de los recién llegados hizo que se giraran a mirarlos.

Anastasya Alexandrova había regresado y lo había hecho de la forma más insolente posible. Del brazo de un hombre misterioso.

Porque nadie tenía idea de quién era Arkady, su segundo al mando siempre había sido su secreto, su carta mejor guardada. Solo una persona lo conocía.

Nikolai Volkov.

Él estaba al fondo de la sala, imponente en un traje negro impecable, tenía el cabello plateado perfectamente peinado. Como si las últimas semanas no hubieran existido.

A su brazo se aferraba una mujer sumamente hermosa. Él evidentemente se había aburrido de Bárbara o quizás solo necesitaba un reemplazo temporal.

"Siempre hay otra."

Nikolai inclinó ligeramente la cabeza hacia ella y le susurró algo al oído. La mujer soltó una risa suave y se acercó más, apoyando la mejilla contra su hombro con una familiaridad que a Anastasya le resultó demasiado íntima. 

Él no la apartó. Al contrario, le pasó el brazo por la cintura y la atrajo un poco más hacia su cuerpo besando su cabello.

Anastasya sintió un nudo inmediato en el vientre.

Desde su posición, aquello no parecía una simple acompañante. Parecía una mujer que tenía derecho a tocarlo, a reírse con él, a ocupar el espacio que ella nunca había ocupado.

La sonrisa de Nikolai desapareció en el segundo exacto en que sus ojos azules se encontraron con los verdes de Anastasya y la tensión se apoderó del cuerpo de ella como una descarga eléctrica. Calor. 

Rabia. 

Deseo. 

Todo al mismo tiempo.

Pero lo que realmente cambió el ambiente fue la forma en que la mirada de Nikolai se deslizó hacia la mano de Arkady en su cintura. Sus ojos se oscurecieron de inmediato. 

Una furia fría y letal se instaló en su rostro. 

Por un instante, pareció que iba a sacar el arma y dispararle a Arkady en medio de la fiesta, sin importarle las consecuencias.

Anastasya sintió un placer recorrerla, entonces sonrió lenta, peligrosa y triunfalmente, a pesar de la furia dentro de ella.

"Lo haré suplicar por mí y después me vengaré."

Se inclinó un poco más hacia Arkady, dejando que sus labios rozaran casi su oído.

—¿Listo para la función?

Su segundo al mando se inclinó hasta sus labios, sin atreverse a rozarlos.

—Está a punto de sacar el arma —susurró con calma mortal—. Dime si quieres que lo provoque más.

—Puedes esforzarte un poco más.

Dejó un beso suave cerca de los labios de Arkady y luego volvió a clavar la mirada en Nikolai, de manera desafiante, con un mensaje claro.

"Ya no soy tuya."

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