Doctora Tatis.
—¿Cómo se llama? —preguntó Nathan.
Gerald, que estaba leyendo algunos documentos, levanta la vista y mira a su padre con una expresión de confusión.
—¿Quién?
—La mujer que causa esa sonrisa en ti —Nathan sonrió de oreja a oreja con diversión—. Y no me mientas, habrá boda, ¿verdad?
—¡Estás alucinando! No hay nadie, pero ustedes están tan apresurados por verme casado, que ven estrellas donde no las hay.
—¿Seguro?
Gerald solo se limitó a mirarlo.
—En ese caso, tendré que ir al médico, por estar vi