Ayudante.
Kelvin se levantó de la mesa y se dirigió hacia la ventana, observando cómo el sol comenzaba a ocultarse. El cielo se teñía de tonos anaranjados y rosados, creando un espectáculo de colores que contrastaba con la preocupación en su mente.
—¿Crees que nos dejara en paz o solamente está escondida para que bajemos la guardia? —pregunto Kelvin sin apartar la vista del horizonte.
—No lo sé hijo, solo nos toca estar atentos, pero si es una mujer inteligente estoy seguro de que se mantendrá a raya.
—E