Leonardo era el heredero de la Corporación Castillo, un consorcio naviero con rutas en medio mundo. Había subido a aquel barco para revisar en campo la operación de varios puertos.
La notó en una cena de gala a bordo. Aitana estaba en una mesa lateral, los dedos largos volando sobre el teclado, ajena al brillo del salón.
Leonardo no se acercó de golpe. Levantó apenas la mano y el mesero llevó hasta su mesa un jugo de naranja recién hecho. Él se quedó, discreto, recargado en la barra, mirándola t