Aitana dio media vuelta para irse; apenas sus dedos tocaron la manija cuando la voz grave de Dylan la detuvo.
—Ya hice cerrar el restaurante. No vas a poder salir.
Aitana se quedó inmóvil un segundo. Al girar, traía en los ojos una escarcha calma.
—Vaya, señor López… Cuánta producción para tenderme una trampa.
Aquella mirada desconocida le atravesó el pecho a Dylan. Avanzó dos pasos, ronco:
—Ya probé que Mía te tendió todo. Y… lo del aborto…
Al oír la palabra, a Aitana se le encogió el pecho. “R