Dos meses después, Mía Ramos quedó embarazada. En cuanto vio el positivo, el corazón —que había vivido flotando— por fin le aterrizó en el pecho.
Fue corriendo a buscar a Dylan López con la prueba en la mano.
—¡Dylan, vas a ser papá!
Él tomó el test; las yemas le recorrieron la carcasa de plástico, distraídas, dos veces.
—No te veo tan contento —Mía le rodeó el cuello—. ¿Será que, con Aitana lejos, ya la extrañas?
Los dedos de Dylan se cerraron un poco en su cintura.
—No pienses tonterías. Al be