Esperó reconocer a la persona, sin embargo, se trataba de un desconocido.
Era un tipo alto, al menos un metro ochenta y cinco, de complexión fornida; su mirada y su comportamiento resultaban erráticos, casi como si estuviera fuera de sí.
—¡Esposa, esposa! ¡Ven a mis brazos para dormir juntitos! —gritó, lanzándose contra Daisy.
Daisy reaccionó de inmediato y le tiró una patada. Para su sorpresa, él la esquivó con agilidad. ¿Un supuesto "loco" que podía moverse así?
—Je… —masculló Daisy, con un de