Daisy esbozó una sonrisa traviesa.
—Si tanto te duele perder esa plata, acéptalo tú. Tampoco es que no sepas cómo hacerlo.
Enzo también se rio.
—¿Y no temes que arruine tu reputación?
—Pues que la arruines —respondió Daisy sin inmutarse—. Al fin y al cabo, tengo muchas formas de sacarle provecho a mi nombre —agregó con un guiño burlón.
—De acuerdo. —Los ojos de Enzo brillaron con un destello sanguinario—. Cuando llegue el momento, me encargaré de que esa… maldita… disfrute mi compañía.
Daisy arq