El tono serio de Daisy pareció alarmar a María, quien inmediatamente se llevó una mano al pecho, fingiendo un malestar repentino.
—Ay, creo que anoche no descansé bien… me duele el pecho. Blanca, ayúdame a ir a mi cuarto.
—Voy, abuela —respondió Blanca, levantándose apresurada.
—Abuela… —Daisy no les dio la oportunidad de seguir con el teatro—. Sé que ya te imaginas lo que vengo a decir.
Fernando, al comprender lo que ella estaba por hacer, la sujetó del brazo con fuerza.
—¿Ya olvidaste lo que t