Daisy dejó escapar un bufido de desprecio.
—¿Con esas armas piensan intimidarme?
Para alguien como ella, que había vivido situaciones mucho peores, aquello no era motivo de miedo. Lo que de verdad la inquietaba era Blanca. Sintió un nudo en el estómago al pensar en su amiga, así que actuó de inmediato: con un movimiento rápido y certero, desarmó al sujeto que la había retado, colocando la metralleta sobre su sien. Luego, con voz firme, advirtió al resto:
—Si no quieren morir, lárguense. ¡Ahora m