Aquella actitud desafiante solo avivó la furia de Daisy. Con la vista clavada en su pecho, alzó el cuchillo, dispuesta a hundírselo de un solo golpe…
En el último segundo apareció Blanca.
—¡Cuñada…! —gritó, horrorizada de que Daisy estuviera a punto de matar a su hermano.
«¿En qué momento llegó a odiarlo así…?»
Sin pensarlo, Blanca se lanzó entre ellos y agarró la mano con la que Daisy sostenía el arma.
—Cuñada, no sé qué pasó entre ustedes para que llegaras a esto —dijo con la voz temblorosa—,