—Es cierto, cuñada —secundó Blanca—, en cuanto la abuela supo que habías regresado, se puso tan nerviosa que casi tropieza bajando las escaleras. Le daba pánico que te fueras sin verla.
Esa era precisamente la razón por la que Daisy había evitado visitar a la abuela María: temía provocarle preocupaciones o que ocurriera algún incidente. Pero al final, no podía esquivar la situación para siempre.
—Abuela, créame que yo también la extraño muchísimo —respondió Daisy con un tono cargado de ternura—.