Si el teléfono de Daisy tuviera batería, si el dolor de su pie no fuera tan molesto… probablemente ella le habría espetado: "¡¿Y quién te pidió nada?!". Pero las circunstancias eran otras: el celular estaba apagado y cada paso le dolía. Así que lo único que hizo fue retirar su mano y dedicarle una mirada de fastidio.
Como en ocasiones anteriores, Fernando la acomodó en el asiento del copiloto. Daisy, harta de la situación y sin intención de hablar con él, cerró los ojos para fingir que dormía… y