(Narración en tercera persona)
El cielo gris parecía una sábana húmeda tendida sobre los edificios. Las gotas golpeaban el pavimento con ritmo constante, como si la ciudad tuviera su propio latido.
—A mí no me disgustan en lo absoluto los días lluviosos. Cada charco para mí es un espejo roto que me devuelve imágenes distorsionadas de faroles, ramas, y de mí misma. —Explicó ella.
—Creo que es la primera vez que oigo a alguien hablar así de un día lluvioso. —Comentó Lion encogiéndose de hombros l