Desde el almuerzo, Álvaro había sentido un malestar creciente; atribuyó el mareo y las náuseas a los alimentos crudos. Para cuando terminó su reunión de la tarde, tenía fiebre alta, 39.5°C. Ignoró las recomendaciones de su secretaria de ir al hospital y ordenó al chofer que lo llevara de regreso a la casa que había compartido con Gabriela.
Alicia, en su apuro por ayudar, le había dado un antitérmico que encontró en el gabinete de medicinas. Recordaba su voz diciéndole:
—Por suerte, señora Saaved