«Mal asunto», pensó en un segundo.
El video era breve y pronto llegó a su fin.
—¿De dónde sacaste esto? —preguntó Carmen, pasmada, fijando la mirada en Gabriela—. ¿Quién te lo dio?
—Fue Mattheo —respondió Gabriela, con los ojos empañados. Acto seguido, se burló con una sonrisa amarga—. Por cierto, también lo maté. Le propiné nueve puñaladas, porque el nueve era el número de la buena suerte de mi Emiliano. Con Álvaro tan solo pude asestar una. Lástima que Kian no demorara un poco más.
—¡Imposible