Mientras tanto, Gabriela se encontraba sumida en un sueño largo y lleno de pesadillas. Una y otra vez, revivía aquella noche en la que secuestraron a Álvaro. El secuestrador estaba a punto de descargar un golpe mortal sobre él, y ella se convencía de que, si realmente era el asesino de Emiliano, tal vez merecía ese destino… Sin embargo, al final, como siempre, salía corriendo para protegerlo, recibiendo en su propio cuerpo ese impacto letal.
Era como si su espíritu no aceptara otro desenlace. En