El equipo de emergencia llegó de inmediato. Con el cuerpo cubierto de sangre, Álvaro fue trasladado de urgencia a la sala de reanimación. Sus abuelos lo siguieron entre sollozos, sus rostros empapados de lágrimas.
En cambio, Kian no los acompañó. Observó cómo se llevaban a Álvaro y, en lugar de seguirlos, regresó al interior de la habitación.
Gabriela, deshecha, se mantenía apoyada contra la pared. Sus dedos goteaban sangre de Álvaro, que caía con lentitud al piso. Kian avanzó con pasos firmes y