Gabriela observó con detenimiento a la joven sirvienta. Reconoció que siempre había sido de fijarse en el físico de la gente, y por más vueltas que le daba, no entendía en qué podría basarse el supuesto encanto de Lola para que Álvaro decidiera, a la primera vista, encargarle algo tan serio como tener un hijo. Máxime cuando Álvaro solía ser exquisitamente exigente con las personas.
—Seamos francos: Álvaro está vivo y coleando. ¿No te da miedo que yo lo llame y le cuente todo para que te confront