Las palabras lo habían dejado helado, por lo que fue al hospital lo más rápido que pudo.
Álvaro observaba con frialdad cómo Gabriela y Cristóbal se comunicaban en lenguaje de señas. Ella lo tranquilizaba, diciéndole que no era su culpa y que no debía sentirse mal. Incluso le aseguró que el dolor había disminuido.
Gabriela mostraba una paciencia y ternura que parecían pertenecer a otra persona. No era la misma mujer que, minutos antes, lo había apartado con dureza y le había dicho que la dejara e