Tras escuchar esas explicaciones tan mediocres, Kian sentía que la ira lo consumía.
Al caer la tarde, su desesperación y nerviosismo se transformaron en una preocupación cada vez más seria.
Sus «informantes», o «ratoncitos» como solía llamarlos, revisaron todas las cámaras alrededor del Hospital Serrano Verde. Incluso consiguieron grabaciones de las cámaras de autos que habían pasado cerca, pero no lograron encontrar el menor rastro de Noelia.
Era como si hubiera desaparecido dentro del propio h