«¿Me mostrará?»
Gabriela bajó la mirada. «Con el poder que tiene Álvaro, ¿qué no podría falsificar un informe forense?», pensó.
Se apartó de él y se acercó al lavabo para enjuagarse la boca y lavarse la cara. No pudo comer ni un bocado más de desayuno: cada vez que intentaba dar un sorbo o llevarse algo a la boca, el estómago se le revolvía. Vomitó siete u ocho veces en la mañana, y eso a Álvaro le puso los nervios de punta.
Sin más remedio, llamó a Alicia, aunque estuviera de vacaciones. Ella l