Por su parte, Gabriela esquivó a Álvaro, que andaba preguntando por ella, y regresó a su habitación.
Aquella recámara pertenecía, desde la infancia, a ese «Álvaro» que en realidad había sido su Emiliano.
Por primera vez, Gabriela recorrió cada rincón con la sensación de ver los pasos de su amado cuando era un niño.
—¿Cómo pudo pasar algo así? —se preguntó, con un dolor punzante que le atravesaba el pecho. Se cubrió el corazón con la mano, sintiendo que apenas podía respirar.
Si todo lo que Flore