—Ve a este lugar, —dijo Florencio, con la voz temblorosa. Sacó un papelito arrugado de su bolsillo, donde había anotado un número telefónico—. Él sabe lo que ocurrió en aquel entonces.
Los dedos de Gabriela se tensaron al tomar el papel.
—Entonces, —soltó de pronto—, ¿fue Álvaro quien mató a mi Emiliano?
Recordaba perfectamente que Emiliano era excelente nadador, y aquel día el oleaje no estaba tan fuerte. Siempre se preguntó por qué había muerto así. El forense dictaminó que se quedó atrapado e