EN EL SALÓN PRINCIPAL
Álvaro, con las piernas cruzadas y el semblante impasible, detallaba con calma al mayordomo los gustos y preferencias de Gabriela, tal como ella había indicado. Ante las miradas atónitas y suspicaces de los presentes, él parecía concentrarse en cada detalle. Cuando terminó, el mayordomo se apresuró a dirigirse a la cocina.
Enseguida, algunos parientes mayores se atrevieron a hablar:
—Jamás imaginé que la señorita García fuera capaz de hablar. ¡Ha sido toda una sorpresa!
—As