—Entendido, aunque esa mujer cayera muerta, la encontraré antes de que la señorita Cintia termine de asearse, —respondió Kian con una sonrisa tan afable que resultaba inquietante.
Al ver aquella expresión, a Vitoria le recorrió un sudor frío por la espalda.
—La vieja mansión Saavedra tiene sistema de seguridad, ¿cierto? —prosiguió Gabriela, dirigiendo la palabra a Vitoria—. Exijo ver todas las grabaciones de anoche.
—¿Las grabaciones…? —murmuró Vitoria, con las palabras atascadas en la garganta.