Esa frase, pronunciada de pronto con un tono helado, rompió la charla desordenada que mantenían algunos allí reunidos.
Todos fueron callando y clavando la vista en él. El silencio se hizo palpable. Álvaro, sentado con las piernas cruzadas, recorrió con la mirada a cada uno de los presentes:
—¿Será que he sido demasiado condescendiente con ustedes?
—Alvi, los mayores solo se preocupan por ti. Se compadecen de la vida tan «injusta» que llevas; no lo hacen con malicia.
Vitoria, de inmediato, dio un