Gabriela a veces creía que esas gentes de las familias adineradas, con tanto dinero a manos llenas, parecían tener una imaginación desbordada a la hora de idear modos de fastidiar al prójimo.
UNA HORA MÁS TARDE
En la puerta de la comisaría, Gabriela vio a Cintia salir con un aspecto realmente desaliñado. Tal como Álvaro sospechaba, media hora antes, la familia Saavedra había llamado diciendo que todo había sido un malentendido: la sirvienta supuestamente había intercambiado los obsequios de Año