—¿Está rica? —preguntó Gabriela, sin aparente emoción.
A Álvaro no solía gustarle la textura suave y dulzona de este tipo de frutos, pero la que Gabriela le dio le pareció sorprendentemente sabrosa.
—Sí, —afirmó, con un gesto sincero—. Está muy buena.
Gabriela alzó ligeramente una ceja, mostrando un orgullo nada disimulado. Al instante, giró sobre sus talones y se encaminó al auto, sin ofrecerle otra castaña. Álvaro fue tras ella con prisa.
Desde atrás, Kian dejó escapar un suspiro, alternando l