—¡Sofía no fue la culpable!
Desesperada ante la actitud de Gabriela, Carmen se apresuró a explicarse.
—Tranquila, déjame a mí —dijo Oliver, palmeando la mano de su esposa para calmarla. Luego se giró hacia Gabriela, quien lo miraba con frialdad.
—Hay que remontarnos al momento en que nos enteramos de que tus padres habían sufrido ese accidente en medio de la nada, —comenzó Oliver, encorvando ligeramente la espalda y soltando un suspiro prolongado—. Tu abuelo y yo fuimos los primeros en llegar al