—No comas eso.
Dicho esto, estiró la mano para quitárselas, pero Gabriela las ocultó tras la espalda, mirándolo con disgusto mientras guardaba silencio.
Álvaro suspiró con resignación.
—Seguramente fue un error de la servidumbre de Leandro al preparar los regalos. Estás embarazada… No podemos saber de dónde salieron esas galletas y podría hacerte daño.
Gabriela lo ignoró y, sin decir nada más, se marchó con las galletas en la mano.
—Álvaro, señorita Gabriela… ¿qué hacen escondidos por aquí?
La v