Era la pregunta que tanto lo intrigaba y a la que no lograba encontrar respuesta.
Gabriela se quedó callada un segundo, como si dudara.
—Me cansé —respondió con frialdad.
Mentira, pensó Leandro.
—Comprendo —dijo él, sin intentar delatarla—. Pero déjame echarte un baldazo de agua fría: la obsesión de Álvaro hacia ti bordea la locura. Mientras no sea él quien te suelte, no tendrás forma de escapar… a menos que mueras.
Gabriela se sobresaltó.
—¿Morir?
—Fingir tu muerte y huir —aclaró Leandro, alzan