Álvaro giró ligeramente su anillo de bodas. Al oír el nombre de Noelia, su expresión se ensombreció aún más.
Entonces Gabriela se levantó, con la mirada tranquila y distante, posándola en Teresa, quien la observaba como si fuera su última tabla de salvación.
—Señorita Ponce, ¿nunca has escuchado ese viejo dicho? «Si cometes una falta, asúmela; si mereces un castigo, acéptalo».
Teresa abrió los ojos con terror y negó con la cabeza. Intentó seguir rogando, pero no le dieron tiempo. Gabriela, con u