Fue entonces cuando Teresa se zafó de las manos de sus padres y corrió hacia David:
—Abuelo, Álvaro no va a tomar represalias contra nuestra familia. Te prometo que mantendré distancia de Gabriela y de Cintia. Entonces… ¿con respecto a ese compromiso de matrimonio…?
David, a pesar de no ser alguien que juzgue a las personas por su género, detestaba la necedad.
Que Teresa se la pasara molestando a personas indefensas ya era suficiente problema —gente que ni siquiera tenía dinero para defenderse—,