Gabriela la miró, con una expresión que Cintia no supo interpretar.
—Cintia, ya no hay vuelta atrás —murmuró—. Lo mío con Álvaro estaba condenado desde el principio.
—¡Pero uno puede luchar para cambiarlo! —insistió Cintia.
Gabriela, sin embargo, no volvió a pronunciar palabra.
Aquella noche, Gabriela no bajó a cenar. Fue Alicia quien le llevó la comida a la habitación. Así que Cintia y Álvaro, como pocas veces, cenaron solos.
—Necesito contarte algo… y prométeme que no vas a armar escándalo —di