Gabriela bajó la mirada levemente, y al oír lo que Cintia soltó sin querer, dibujó una sonrisa irónica.
Por mucho que Álvaro hiciera alarde de un amor profundo, todos estaban conscientes de algo:
Aunque la quisiera, era una devoción con condiciones.
Por ejemplo, que ella ya no fuera muda.
—¡Ay, esta boca mía! —exclamó Cintia al darse cuenta de su metida de pata. Se dio un golpecito en los labios y, rengueando un poco, regresó a sentarse. Sus ojos chispeantes de curiosidad se posaron en el vientr