En ese momento, la puerta se abrió y el mayordomo entró acompañado de Leandro, quien llevaba una elegante caja con exquisitos suplementos de lujo.
—¡Vaya, qué reunión tan concurrida! —comentó Leandro con una sonrisa socarrona.
Todos en la sala voltearon a mirarlo al unísono.
Los ancianos Rojo relajaron un poco sus expresiones al verlo.
—Leandro, qué bueno verte —saludó Carmen con amabilidad.
—Hace poco fui a revisar un proyecto fuera de la ciudad. Como sé cuánto valoran cuidar su salud, les traj