—Es la primera vez que intercedes por alguien frente a mí —comentó Álvaro.
El rostro de Laura cambió ligeramente, pero su corazón se tensó de golpe.
La agudeza de Álvaro era aterradora...
—Señor Saavedra, no es que esté abogando por los Zambrano; solo deseo evitar que se enemiste con la gente de Leeds —respondió Laura con calma.
—Entonces veamos qué pueden hacer ellos —dijo Álvaro con una determinación inquebrantable.
No era que no hubiera advertido a Cristóbal.
¡Pero simplemente no aprendía la