Mundo de ficçãoIniciar sessãoMe digné a girar hacia la mujer que me extendía la mano con una sonrisa educada. Yo solo la miré por un instante, sin moverme, estudiándola como si fuese un espécimen en mi clase de anatomía. Minerva mantuvo su postura firme. Fue entonces cuando la mano de Alessandro presionó más mi cintura, lo justo para que entendiera que estaba mandando un mensaje claro: “Compórtate”.
Con el ego herido pero las ganas de desafia






