531. SOMOS DRAGONES
ALESSANDRO:
Me quedo en silencio observando a Eira, que juega con un extraño reloj en su muñeca, y parece impaciente. Miro a Humberto, que a su vez dirige la mirada a Estefan, quien asiente. Renzo se acerca a Rufo y le dice algo al oído antes de marcharse. Marino, el segundo al mando de mi seguridad, entra con James y el abuelo.
—Permiso, jefe —habla Marino acercándose a mí—. Axel dice que ya todo está bajo control.
—¿Cuántos? —pregunto en su oído.
—Suficientes para acabar con todos —responde